Hacer
un autoanálisis profundo es muy saludable para
quienes se encuentran en procesos de selección
laboral.
Pocas personas
lo hacen de manera minuciosa,
Por ende no saben si su soberbia los traicionará
o les jugará una mala pasada al momento de
entrevistarse. La soberbia y el ego inflado destacan
de manera significativa y quien está del
lado de la butaca del entrevistador lo detecta de
inmediato.
Una posición
de poder (que hayamos tenido o que tengamos en el
momento de entrevistarnos) muchas veces nubla
nuestra razón y exacerba nuestro comportamiento,
acrecentando las posibilidades de ser descalificados
por el simple hecho de que una personalidad soberbia
puede alterar el buen clima laboral de la organización
a la que postula.
Tampoco el extremo de humildad
y/o sumisión son recomendables para
acceder a una posición ejecutiva, más
aún si la misma ostenta poder como parte
inherente a su rol. Por lo tanto, un justo equilibrio
entre el manejo digno, objetivo y sobrio sobre su
perfil es lo más recomendable y, para ello,
el autoanálisis previo es la receta precisa.
Su conocimiento del valor real de sus ingresos,
mencionados en rangos, le darán seguridad
y buen pie en la negociación económica
-la que generalmente debe postergarse hasta el final
del proceso, siempre que sea posible-.