La
química es una suerte de sintonía tácita
en la arena de la entrevista de trabajo.
Un buen apretón
de manos, la mirada sostenida y directa,
la sonrisa franca y amable, romperán el hielo
de cualquier reunión de evaluación
y contribuirán al desarrollo de esa química
anhelada. Uno siente cuando ésta se produce;
“se dio la química”, se dice
para sus adentros el que ve fluir la entrevista
más como un diálogo sano que como
una entrevista rígida y formal. Es entonces
que el entrevistador (sea reclutador o el empleador
directamente) empieza a abrirse con las características
de la empresa, sus requerimientos y lo que se espera
del postulante para ser exitoso en ese nuevo rol
al que postula.
Esta
manifestación de mostrar lo que se requiere
por parte de quien entrevista es la señal
de que ya lo compraron para el puesto.
Pero no se emocione, no olvide que, como toda venta,
tiene su buena introducción, buen desarrollo
y, finalmente, el cierre...
La entrevista de trabajo
también cubre estas fases indiscutibles,
como en cualquier venta, con la diferencia que en
ésta, es usted el que se está vendiendo.
Cierre en el momento preciso, con el cerebro en
su negociación y el corazón puesto
en aquel compromiso de demostrar sutil y profesionalmente
que usted es el mejor.